Los señores marqueses están en el salón de su casa. El marido está haciendo las cuentas y, de pronto, le dice a su esposa.
- Florinda, podrías aprender a cocinar y nos ahorraríamos la cocinera.
La marquesa, impertérrita y algo cáustica, le responde:
- Pues sí…, ¿y tú?, podrías aprender a follar y nos ahorraríamos el chófer.

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