Los chistes del viernes
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Entradas de Los chistes del viernes
La señal de la cruz
1Había en un pueblo una iglesia que enfrente había un puticlub. Los Domingos por la mañana el cura abría la puertas y siempre se encontraba con Manolo saliendo de la casa haciendo la señal de la cruz.
- ¡¿Será posible?!
Decía el cura enfadado
Y así cada domingo. Hasta que cierto día el cura decide ir a hablar con Manolo a pedirle una explicación por su desfachatez.
- ¡Cómo es posible que tenga la poca vergüenza de encomendarse a Nuestro Señor cada vez que sale usted de esa casa de mala vida! ¡Es usted un indeseable! ¡Muestre un poco de respeto!
A lo que Manolo le contesta educadamente:
- Mire usted, padre. No es falta de respeto, es mala memoria. Cuando salgo hago: “Manolo piensa (se lleva la mano a la frente), bragueta cerrada (mano a la entrepierna), tabaco (mano al hombro izquierdo) y cartera (mano al hombro derecho)”
Las risas del domingo (11/03/12)
1Lo mejor que he podido encontrar esta semana naufragando por internet:
El gorro teta
¿Por qué no lo han inventado antes?… ¡Gorro en forma de teta! – LaIslaTuerta
Los cromosomas
Cromosomas – El Espíritu de los Cínicos
Los nuevos valores
Educación, principios y nuevos valores – Cuidadoconloshuevos
El tirachinas más grande
El tirachinas más grande del mundo – Soypelopo82
Hacer un 0,4
2Un hombre llega a su casa y le dice a su mujer:
-Cariño, vámonos para la cama que vamos a hacer el 0,4
La mujer le pregunta:
-Amor mio, ¿Qué es eso que quieres hacer?
El marido le responde:
-El 69 en euros.
La diligencia y la silla
1¿En que se parece una diligencia a una silla?
En que la diligencia es por Kansas City y la silla por siti cansas.
El hombre y los zapatos
1Un tipo entra a una zapatería y se le acerca el vendedor:
- Buenas tardes, ¿En qué puedo servirle?
- Quiero unos zapatos del número quarenta.
- Verá, señor, no es por contradecirlo, pero a simple vista puedo ver que su número es al menos quarenta y dos.
- Eso no importa, yo quiero un número quarenta, si no, no compro nada.
- Está bien.
El dependiente le trae un número quarenta; el tipo se los prueba y comenta:
- Perfecto, me los llevo puestos.
Cuando va de salida, el vendedor ve que el tipo va sufriendo porque los zapatos le aprietan. El vendedor, intrigado, se le acerca:
- Señor, disculpe, pero no me puedo quedar con la duda, ¿cómo es que compra sus zapatos así, si se ve que está sufriendo porque no le quedan?
- Mire, le voy a contar mi historia: mi mujer me engaña con mi mejor amigo; mi hija es una puta; mi hijo es drogadicto y maricón; mi suegra vive con nosotros y me echa la culpa de los problemas familiares… ¡El único placer que tengo en la vida es cuando llego a mi casa y me quito estos malditos zapatos!





